2 de abril: Más allá del azul
El 2 de abril es el día en que los edificios, fuentes y puentes se iluminan de azul. Las redes se llenan de lazos, logotipos y reflexiones. La mayoría se viste de este color y, durante el resto del mes, los expertos comparten información sobre esta condición. Pero, díganme: ¿qué pasa el resto del año?
No escribo esto para quejarme, sino para que se entienda que el autismo no se vive un día o un mes. Quienes convivimos con él enfrentamos batallas diarias. Unas las ganamos nosotros, otras las gana el autismo, pero todos los días nos mantenemos en pie de lucha.
Sin embargo, deben comprender que la mayoría de nuestras batallas no son contra el autismo, sino contra la sociedad. Defender los derechos de nuestros hijos, primos o hermanos es una tarea de tiempo completo. A esto se suma el agotamiento del masking: ese esfuerzo constante y doloroso por "parecer normal" para encajar, una lucha invisible que termina enfermando a la persona.
Es vital entender que las madres y padres pueden sufrir un estrés postraumático comparable al de un soldado en guerra. Imaginen ese nivel de alerta constante, incluso cuando el hijo parece "estable", sin olvidar el respeto absoluto que merecen quienes batallan con un autismo más profundo y dependiente.
El 2 de abril es necesario, pero es más urgente que cale en la población un mensaje real: el autismo no espera a que el calendario marque abril. El autismo se vive, se lucha y se ama todos los días. Gracias por leerme.



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