Curvas, subidas y bajadas: mi nuevo mapa de crianza.
La vida de una persona cambia drásticamente cuando un hijo o hija es neurodivergente. No se trata solo del diagnóstico en sí, sino del inicio de una lucha invisible contra la sociedad. Condenaciones como el TEA, el TDAH o los trastornos específicos del aprendizaje son invisibles ante los ojos de los demás; por eso, el entorno suele etiquetar a los padres como descuidados o irresponsables.
Sin embargo, un diagnóstico también abre tus propios ojos. Te permite entender cuántas veces juzgaste sin conocer la historia real y, al mismo tiempo, te hace notar características propias que antes ignorabas, dándole sentido a esos momentos en los que tu vida caía en el caos sin explicación.
El camino de la crianza, que imaginabas plano y directo, se transforma en una ruta de subidas, bajadas y curvas donde a veces se pierde la fuerza. Nuestros hijos nos dan mucho más de lo que pedimos y se esfuerzan cada día; no obstante, por cada día de victoria, a veces llegan dos de derrota. No me malinterpreten: no es que seamos infelices, pero no se puede romantizar una realidad que es, por naturaleza, desafiante.
.png)


Comentarios
Publicar un comentario