Manos que no se sueltan: Reflexiones sobre el crecimiento y la discapacidad
Hace unos días, observaba a un hombre caminar con su hijo. El muchacho ya tenía la misma altura que su padre y me llamó la atención ver cómo este lo llevaba tomado del brazo. Por la postura del joven, entendí que vivía con alguna discapacidad, aunque desconocía cuál. Al verlo, recordé cómo mi hijo toma mi mano cada vez que vamos a cruzar la calle o cuando caminamos juntos; no sé si es por costumbre o por miedo.
Aceptar que una condición, trastorno o discapacidad es para toda la vida resulta difícil. Nuestros hijos crecerán y superarán muchas barreras, pero es posible que otras permanezcan. Es importante recordar que cada condición se manifiesta de forma distinta en cada persona. Todos aspiramos a ver a nuestros hijos convertidos en adultos independientes, pero no todos tendrán las mismas posibilidades debido a diversas razones.
La sociedad debería garantizar la seguridad necesaria para que todos seamos libres. Sin embargo, a veces sentimos que, mientras luchamos, el entorno nos deja solos en la batalla. Hoy hablamos de inclusión porque todavía es parcial; si la sociedad fuera realmente inclusiva, esa palabra ni siquiera sería necesaria.



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